Y si no existe la tecnoadicción ¿qué?

03/05/2017

Basta hacer una simple búsqueda en Google para darse cuenta de la cantidad de materiales contradictorios que se encuentran en Internet sobre la adicción a la tecnología (y con ello Internet, el teléfono inteligente, las Redes Sociales, etc…).

Enrique Dans, en un reciente artículo sobre el tema, procura quitar miedos innecesarios y sobre todo deja entrever las claves para una buena formación de los adolescentes en las familias y los colegios. Como él mismo subraya, la comunidad científica no sólo no están de acuerdo con este concepto sino que entre los médicos la opinión general aceptada es que no se puede hablar de tecnoadicción.

Una adicción es un comportamiento recompensado que se convierte en una pauta. Las principales características son:

  1. La búsqueda ansiosa de satisfacción.
  2. La adicción interfiere en las actividades normales de la persona: comidas, sueño, reuniones (ahí aparece el bajo rendimiento en los estudios o el trabajo).
  3. Síndrome de abstinencia: acción hormonal compleja que produce stress cuando no se consume.
  4. Tolerancia hacia el material adictivo: „Necesito más“.

Se hace un paralelismo de las drogas con Internet basándose en respuestas a los comportamientos sociales pero no a los efectos neurofisiológicos. Es decir, se crea un paralelismo con las drogas poco fundamentado (incluso la dopamina actua en cada droga de manera diferente y con la tecnología aún no se ha demostrado nada).

Sin embargo, sí que se puede convertir la tecnología en una dependencia, debido a los siguientes motivos:

  1. El acceso a los premios es fácil ("like, like, like, like…").
  2. Hay anonimato en las búsquedas, los envíos, las visualizaciones, etc.
  3. El premio es inmediato: un juego sin premio no crea dependencia.

¿Qué hacer entonces? Trabajar sobre uno mismo y enseñárselo así a los adolescentes. Como decía Steve Jobs "para concentrarse hay que decir no". Y ese no es para todas las cosas de la Red que nos distraen o nos atraen desmesuradamente. El filtro más importante es una función de mi cerebro y no sólo el que se instala en el ordenador. Al navegar por Internet y las Redes Sociales, sólo nosotros sabemos el objetivo que nos hemos propuesto y qué estímulos son o no relevantes.

Si somos conscientes de las consecuencias de un mal uso de las TIC podemos aprovechar para fomentar buenos hábitos en lugar de hablar de tecnoadicciones confusas, aunque por supuesto esto siempre es más difícil, porque no es una excusa fácil. Como afirma Nicholas Carr "nuestro cerebro se adapta con facilidad y es flexible. Si cambias tus hábitos, el cerebro se pone contento y es capaz de asumirlos. La parte difícil es cambiar los hábitos".

Autor: @luisblazquez

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