Todos sonreímos cuando queremos

27/03/2017

Es verdad que en las conversaciones de chat se pierde gran parte de las emociones. Es ley de vida: textos breves, con tantas faltas de ortografía y muchas veces mal redactados. Leídos fuera de contexto carecen muchas veces de sentido. Toda comunicación por texto es de por sí más fría, instrumental, porque le falta el calor del tono de voz, la expresión del rostro, la mirada de cansancio, alegría o enfado entre los que dialogan.

Y sin embargo, también en este ámbito hemos recuperado el rostro humano de la manera más sencilla: los emoji transmiten la alegría que no podemos comunicar en texto de este estilo. A estos resultados llegó un estudio realizado por la Universidad de Michigan y la Universidad de Pekín. Concretamente, después de analizar 427 millones de mensajes enviados desde 4 millones de Smartphones distribuidos en 212, han llegado a la conclusión de que, en los chats digitales, el mundo entero lo que prefiere es sonreír.

Antes de seguir, una breve aclaración. Los emoji no son emoticonos. Estos últimos surgieron en 1982, cuando Scott Fahlman, ingeniero informático de Carnegie Mellon University, sugirió que :-) podría ser utilizado para indicar una broma. De ahí el nombre, que de “emoción” e “icono” dio lugar a “emoticono”. En cambio, los emoji fueron creados en los años noventa por la NNTT DoCoMo, una empresa de comunicación japonesa. El vocablo “moji” significa —más o menos— pictograma. Porque no son simples combinaciones gráficas, sino que son dibujos en sentido estricto. Los emoji en este sentido son una vuelta al pasado, anterior a la escritura: son jeroglíficos de nuestra era. Por eso, además de gestos faciales, abundan las frutas, los coches, los aviones, etc…

Volviendo al discurso principal, lo curioso es que aún habiendo tanta variedad y color, lo que preferimos al comunicar son precisamente los emoji que expresan emociones. Y entre ellas, en primer lugar, las que celebran la alegría, la risa, el amor o el enojo. Para aquellos que se quejan de que a veces sobreabundan los emoji en las conversaciones lo mejor será que eviten Francia: uno de cada cinco mensajes va acompañado de uno de estos dibujitos. En segundo lugar Rusia y Estados Unidos, con uno en cada 10 mensajes. Según el estudio, los emoji más negativos se encuentran en México, Colombia, Perú e Israel. Aunque la conclusión de los investigadores es positiva: al tratarse de sociedades donde las relaciones entre las personas son más fuertes y seguras, también hay mayor libertad para expresar con sinceridad las propias emociones.

Porque los emoji ofrecen una ventaja estupenda a los que no soportarían tener que escribir o leer un “te quiero mucho” y lo expresan mejor con una cara amarilla. O para calmar una broma que ha podido caer pesada, basta acribillar la conversación con caritas que ríen, guiñen el ojo, aplauden, y tantas otras. Llega por fin una gran noticia y ¿no sabes cómo mostrar que de verdad te alegras? Basta que lo celebres con una piñata y cohetes. En definitiva, aunque los emoji quieran ser dibujos sin más, suelen ser la solución más sencilla a la expresión escrita de las emociones.

Quizás los emoji no nos acerquen al culmen de la literatura y hasta es posible que olvidemos cómo expresar sentimientos por escrito sin tener que recurrir al dibujo. Pero en un mundo en el que tan a menudo se recalcan los problemas que trae consigo la tecnología, vale la pena saber lo que los emoji nos recuerdan: y es que, en el fondo, lo que más nos gusta hacer es sonreír. 

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