El boom de las aplicaciones para meditar

01/04/2019

El mercado de la meditación y el mindfulness se ha disparado. En 2017, la sociedad de análisis Marketdata Enterprises tasaba el valor de esta industria en EE.UU. en mil doscientos millones de dólares; hace solo dos meses, Calm.com –la empresa que desarrolla la aplicación líder del sector– fue valorada en mil millones. Calm nació en 2012 y hoy tiene 40 millones de descargas; le sigue de cerca Headspace, que echó a andar dos años antes. Ambas ofrecen servicios de meditación y relajación, tanto gratuitos como de pago: sesiones para entrenar la concentración, conciliar el sueño (las historias de Calm tienen mucho éxito), manejar el estrés, etc. La gama es amplia, tanto en el nivel de los ejercicios como en su duración.

 

El boom de las aplicaciones para meditar está relacionado con la agitación del mundo digital. Hace un par de meses, el periodista del New York Times Farhad Manjoo contaba su historia. Lleva 20 años escribiendo sobre tecnología y en su momento decidió recurrrir a la meditación “para sobrevivir al Internet comecerebros”. A su juicio, esta moda “está sustentada por toneladas de investigaciones científicas (…) que demuestran cómo incluso periodos muy cortos de meditación mejoran tu atención y tu capacidad de concentración, tu memoria y otras funciones cognitivas”. Manjoo se obligó a dedicar todas las mañanas unos minutos a la meditación y dice haber experimentado una mejora del software de su cerebro: “puedo mantenerme alejado de las obsesiones absurdas de estar en línea sin preocuparme porque me estoy perdiendo de algo. Distingo mejor lo importante de lo trivial, soy más amable y empático con las demás personas en línea”.

 

¿Qué se entiende por meditación y por qué despierta tanto interés? Para ser honestos, aquí hay que decir que no se trata de un universo unívoco, y que no faltan experiencias negativas. A veces es difícil separar las técnicas de mindfulness de una determinada filosofía, que puede invadir el terreno de los ideales. Pero no tiene necesariamente que ser así. De hecho, uno de los aspectos más valorados de Calm es que se aparta de lo “místico” y se concentra en entrenar el mindfulness: “la práctica de prestar atención a nuestros pensamientos, emociones y experiencias”.

 

Muchos estudios sobre los efectos positivos del mindfulness surgen de la psicología cognitivo-conductual. Estos especialistas nos dicen que saber estar en el momento presente es necesario para tener ideales y llevarlos a la práctica. La atención es como el “músculo” del cortex frontal, donde nuestro cerebro reflexiona, toma decisiones, busca porqués... Sin atención estamos a merced de los deseos y miedos que se generan en el cortex inferior (límbico): no logramos estar en el momento presente, ser conscientes de lo que experimentamos y, por ese motivo, no somos capaces de educar nuestros impulsos. Las técnicas de mindfulness robustecen la parte más personal de nuestro cerebro; no deberían decirnos hacia dónde orientar nuestra vida, pero nos hacen más capaces de tener aspiraciones y ponerlas en práctica. En pleno boom de las tecnologías digitales, muchos están descubriendo en el mindfulness una ayuda para lograr una vida plena… sirviéndose de la tecnología.

 

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