Lo que los Millennials pueden aprender de Mark Zuckerberg

30/05/2017

Tiene 33 años y, entre sus muchos logros, ahora está el de haber sido el orador más joven en los 366 años de historia de Harvard. Hay quienes ven estos actos como una semilla para convertirse en unos años en Presidente de EE.UU. Total, no sería gran cosa después de haber conquistado ya a una tercera parte del planeta con su Facebook.

El eje de su discurso a la promoción 2017 de Harvard y su mayor aportación queda resumida en esta frase: “El gran reto de nuestra generación es crear un mundo en el que todos tengan una motivación. Una de mis historias favoritas es la de John. F. Kennedy cuando visitó el centro espacial de la NASA. Vio a un conserje con una escoba y le preguntó qué hacía. El conserje respondió: «Ayudar a que el hombre llegue a la Luna, señor presidente»”.

No se sabe más sobre quién enseñó al conserje a vivir con una motivación tan laudable. Pero lo que sí sabemos es que son las familias ayudadas por los profesores lo que pueden provocar a tantos millennials a descubrir una luna muy alta en su vida, porque son ellos quienes pueden sembrar ideales en la vida de todos los jóvenes.

Esta es la propuesta: sembrar ideales en la vida de los hijos. Un ideal es sólo un punto de partida que guía nuestros esfuerzos. Y es también el lugar de destino: nos da la dirección, porque continuamente nos dice “tienes que llegar aquí”. En su conjunto, son los ideales los que tiran hacia adelante, se esté motivado o no.

Sin embargo, un ideal carece de sentido si no va unido a un plan concreto, exigente, que sobre todo en los primeros años requiere el acompañamiento y la dirección de padres y profesores. A diferencia de lo que tantas veces se aconseja a los jóvenes sin pensarlo demasiado, no hay que seguir una pasión sin más —la motivación por sí sola no conduce necesariamente a ninguna parte—, sino que hay que trabajar con pasión por hacer cosas grandes y conquistar ideales.

En un mundo donde las TIC han invadido cada ámbito de la vida y la sociedad, recordar la importancia de tener ideales altos y claros, la necesidad de exigirse y ser responsable, el evitar las mil distracciones que la tecnología nos proporciona, es la receta para el éxito. Por eso el filtro más importante que hay que ponerle a un ordenador está delante de la máquina: es una función de nuestro cerebro. Para alcanzar un ideal, sólo nosotros sabemos el objetivo que nos hemos propuestos y qué estímulos son o no relevantes. Lo que no sea importante —un mensaje, una noticia, un vídeo… y otros mil estímulos tecnológicos— habrá que aprender a dejarlo de lado.

Según Zuckerberg  “la motivación es lo que nos hace realmente felices”. Se podría decir, por completar la idea, que el trabajo bien hecho es el que realmente consigue motivarnos y si el ideal es realmente bueno y grande, nos hará felices.

 

Video del discurso de Mark Zuckerberg.

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