La batalla contra el insomnio tecnológico

06/06/2019

El sueño juega un papel fundamental en la salud física y psicológica, especialmente durante las etapas de crecimiento. Mientras dormimos, no solo descansan las neuronas activas, sino que -como explica el Dr. Siegel- se purifican las toxinas que se producen en el cerebro durante el día. Para la gran mayoría de personas adultas, este proceso requiere al menos 7 horas de sueño (los adolescentes necesitan entre 8 y 10), y de ello dependen aspectos tan importantes como la capacidad de concentración, la memoria o incluso el nivel de insulina, que regula el metabolismo. Los estudios son cada vez más precisos, y se puede encontrar fácilmente buena información en Internet. 

 

En la era digital, sin embargo, la batalla del sueño ha cobrado un protagonismo de primer orden. Más allá de la preocupación general por el descanso de los menores, investigaciones como la de Jean Twenge muestran que no estamos cumpliendo los mínimos, y que en esto tiene mucho que ver el uso de los dispositivos. Más recientemente, un estudio sobre el sueño y las pantallas revelaba que 7 de cada 10 adolescentes entrevistados (12-18 años) duerme con el teléfono al alcance de la mano, y ese mismo porcentaje lo utiliza en los 30 minutos anteriores al momento de ir a la cama. El 36%, por otra parte, afirma levantarse al menos una vez durante la noche para mirar el móvil. El caso de los padres es parecido: casi tres cuartos (74%) duerme con el teléfono a mano, el 26% se despierta al menos una vez para mirarlo y más de un 60% lo utiliza en los 30 minutos previos a acostarse. 

 

¿Hasta qué punto existe una relación de causa-efecto entre las pantallas y la falta de sueño? No se trata del único factor, pero hoy se da un consenso amplio en que la luz azul que emiten los dispositivos impide la segregación de melatonina, la hormona del sueño, que habitualmente empieza a producirse dos horas antes de ir a dormir. De ahí las recomendaciones, casi unánimes, de que niños y adultos regulen el uso de las pantallas en las horas previas al sueño; los filtros de luz azul y el "modo noche" pueden ser una buena alternativa en caso de necesidad. Por otra parte, como explica la National Sleep Foundation, la sola navegación en Internet activa en nuestro cerebro el "modo alerta", también a causa de las muchas notificaciones que recibimos. Por eso, en algunos casos, dormir con el teléfono cerca puede dificultar el sueño. En definitiva, vale la pena adoptar algunas medidas para proteger el sueño, sobre todo durante la infancia y la adolescencia. La Dra. Ángela Milán ofrecía algunas ideas recientemente. También pueden ser útiles las recomendaciones del neuropsicólogo Álvaro Bilbao:

 

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