¿Contraseñas y filtros? Comencemos por los padres

05/10/2017

Para garantizar la seguridad de una casa, se pueden utilizar muchos métodos: cerrojos, candados, cámaras ocultas, lectores de retina, y cuanta técnica sofisticada pueda venirse a la cabeza. Pero tantos esfuerzos serán inútiles si los que están dentro no enseñan a los niños a cerrar la puerta.

 

Suena evidente, pero no deja de ser una verdad. Así lo refleja también el más reciente estudio de Microsoft sobre seguridad en línea: los padres son los actores más decisivos para mantener seguros a los jóvenes en la red.  Las empresas de seguridad, los profesores, los filtros, todo eso viene mucho después.

 

Los resultados de la encuesta de Microsoft se basan en las respuestas de casi 12,000 personas de 14 países. Pero más allá de los números, uno de los elementos más interesantes que se desprende de este estudio es el binomio responsabilidad-confianza: es decir, no se habla simplemente de “a quién le toca” cuidar de los niños, sino sobre todo de “quién es más capaz de hacerlo”. Los padres recibieron el puntaje más alto no por su obligación, sino sobre todo por que reciben un voto de confianza mucho más profundo.

 

Ahora bien, ¿qué hacer para aprovechar esa oportunidad? Si los hijos supuestamente saben más del mundo digital que los padres, ¿cómo ayudarles realmente?

 

La respuesta no está tan a desmano: aunque los hijos sepan más de cosas técnicas concretas, la sabiduría y la posibilidad de guía de los padres se nutre de otros elementos que son también necesarios para la navegación. Un adolescente puede saber mucho de motores y conocer las últimas novedades tecnológicas del más reciente modelo de Ferrari, pero eso no excluye que sus padres puedan orientarle sobre las medidas de prudencia que se deben tomar en la carretera.

 

Así lo piensa Amanda Azeez, de la National Society for the Prevention of Cruelty to Children del Reino Unido. Su propuesta es que los padres deberían mantener conversaciones abiertas con sus hijos sobre el uso que dan a Internet al menos cada dos semanas. De ese modo se pueden aprovechar mejor las posibilidades que tienen los padres de influir positivamente sobre sus hijos, pero también se puede facilitar que los padres estén al día sobre las redes sociales que están en boga –porque esto cambia rapidísimamente– y también sobre las implicaciones que puede tener su uso entre los menores de edad. No en vano, la más reciente encuesta de la organización para la que trabaja Azeez mostró que dos tercios de los niños utilizan redes sociales y aplicaciones aunque no tengan la edad mínima que se requiere para registrarse.

 

Sin duda alguna, esa es una pista a seguir. Si la mayoría de los jóvenes ven en sus padres un interlocutor de confianza, y esa confianza se alimenta y se retribuye, será mucho más fácil mantener ese diálogo abierto que permita orientar, pensar juntos, llegar a acuerdos, establecer reglas pertinentes y reorientar errores o conductas de riesgo.

 

Las contraseñas y los filtros son herramientas válidas, pero como dice el refrán popular, “es mejor la seguridad que la policía”. En el caso de la vida online, la seguridad pasa en gran medida por el modo en que los padres saben aprovechar la confianza que naturalmente les conceden sus hijos. Sólo a partir de ahí comienza la reflexión sobre filtros y contraseñas. De nada sirve pensar en los candados sin antes haberles enseñado a cerrar la puerta.

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