¿Adictos a la tecnología por culpa de la dopamina?

05/04/2018

El mes pasado, Simon Parkin publicó un artículo en The Guardian sobre la llamada “tecnología persuasiva”. Últimamente se ha hablado mucho del poder de manipulación que tienen las empresas tecnológicas, y Parkin se sirve de un joven proyecto nacido en Silicon Valley para profundizar la cuestión desde la neurociencia. ¿Es cierto que la tecnología está “secuestrando” nuestra mente, como dice Tristan Harris? ¿Qué técnicas se utilizan para identificar las vulnerabilidades del cerebro y captar nuestra atención?

Dopamine Labs –rebautizada hace pocas semanas como Boundless Mind– es una pequeña empresa que garantiza a los creadores de aplicaciones un incremento significativo en la frecuencia con que los usuarios interactúan con su aplicación. El mensaje es claro: “Los hábitos se pueden programar. Es cuestión de ciencia”. La estrategia que utilizan es similar a la de las máquinas tagaperras –el negocio más rentable de las Vegas– y en el fondo se encuentra una molécula que poco a poco vamos conociendo mejor: la dopamina.

La dopamina es un neurotransmisor, una sustancia que se encarga de transmitir mensajes urgentes entre neuronas, nervios y otras células del cuerpo. Aunque no se conocen todas sus funciones, ha sido bautizada como la sustancia del placer: cuando un deseo se despierta, nuestro cerebro libera dopamina, produciendo una especie de recompensa anticipada que nos mueve a concentrar la atención y satisfacer el impulso. La dopamina tiene que ver con la sed, el sueño o el deseo sexual, y está involucrada en todos los procesos de adicción: las drogas o el juego generan excesos de dopamina en nuestro organismo y, cuando se desarrolla un hábito, pueden hacer que las satisfacciones corrientes de la vida resulten insignificantes.

La dopamina está relacionada con la felicidad del día a día, la que encontramos en casa, en el trabajo, con los amigos… Y también está detrás de las pequeñas recompensas que proporciona la tecnología: desde el color rojo de las notificaciones automáticas hasta los likes de las redes sociales o la puntuación de los videojuegos. Y si la recompensa es impredecible –random–, el efecto se multiplica. Como otras empresas del sector, Dopamine Labs lo sabe, y ha sido capaz de conseguir que los usuarios de una App de running incrementen en un 30% la frecuencia con que hacen ejercicio, o que los clientes de un servicio de microcréditos mejoren un 14% la puntualidad con que devuelven los préstamos.

Hace poco más de un año, Simon Sinek hablaba de estos temas en una entrevista de televisión. Según este gurú del liderazgo, una de las claves de la educación en nuestros días está en desarrollar la capacidad de esperar, porque las satisfacciones que merecen la pena requieren tiempo: el amor, el prestigio profesional, la autoestima... Si tomamos conciencia de que somos psicológicamente vulnerables, es más probable que escapemos a la adicción y sepamos construir nuestra vida en la línea de los propios ideales. Porque la paciencia –es otra enseñanza de la neurociencia– es capaz de educar los impulsos y permite gozar de lo mejor.

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